Recuerdos de infancia de Leonardo da Vinci: El águila y la caverna

Leonardo habló muy poco de su juventud. No obstante, describiendo el vuelo de los pájaros, se interrumpe de golpe para decir : « En los más lejanos recuerdos  de mi infancia, me acuerdo que estando todavía en la cuna, un ‘ave rapaz’ viene a mí, abre mi boca con su cola y varias veces me golpea entre los labios con las plumas de su cola » Al lado, agrega, probablemente más tarde :

 

« ese era mi destino ».

 

     Leonardo podría realmente acordarse de un hecho que ocurrió cuando estaba todavía en la cuna, hecho por otra parte bastante inverosímil? Se trata de una historia que le contaron y de la cual el da una versión destinada a satisfacer algún misterioso rechazo ?

La palabra « nibbio », que significa « ave rapaz », pudiendo ser interpretada en el sentido de gran pájaro, preguntemos a el mismo Leonardo, lo que piensa del buitre, del halcón, y del águila, los tres pájaros en cuestión. El manuscrito H del Instituto donde el anota sus observaciones sobre los pájaros nos da la respuesta buscada:

 

   « El buitre, dice, es tan glotón que hará miles de millas para comer de una carniza: y para ello sigue los ejércitos. »

 

    « Se dice del halcón, que cuando ve sus pichones en el nido estar muy gordos, les da golpes con el pico y los deja sin comer »

 

      Leonardo sabia que el buitre, cobarde y prudente como la hiena, busca más bien la carroña (carniza) que los animales vivos a los cuales no osa atacar, salvo si es en grupo. Leonardo sabia también que el halcón, pájaro que los pintores del cuatrocientos gustaban representar persiguiendo su presa, bien que cruel y sanguinario como el tigre, caza sobretodo las pequeñas presas pero que el águila, en revancha, es  el más fuerte, el más audaz de los rapaces. En sus escritos, le otorga trazos de magnanimidad y lo asimila al Phoenix.

   « Cuando el águila es viejo, dice, vuela tan alto que quema sus plumas y la naturaleza consiente a que reencuentre su juventud hundiéndose en las aguas profundas.

 

   « Si sus pichones no pueden soportar la vista del sol, no los alimenta. Ningún pájaro que quiere vivir se acerca de su nido, todos los animales le temen, pero no los daña, y les deja algo de su presa. » 

 

    Es evidente que en esta última frase Leonardo asimila al rey de los pájaros, símbolo heráldico del imperio, al rey de los animales, el león, símbolo heráldico de la realeza (monarquía). Ese pájaro maravilloso, el águila - Phoenix, lo diseñara (dibujara), hacia el final de su vida, en la misteriosa alegoría de Windsor: un oso dirige una barca, que tiene un árbol como mástil, hacia una orilla donde lo espera con las alas  desplegadas, un Phoenix coronado.

 

  Cuando chico, Leonardo vio probablemente un águila acompañando los otros animales apocalípticos, sea en la iglesia de Vinci, o sobre las miniaturas representando a San Juan. Desde niño le enseñaron que el águila era el símbolo de un lejano emperador que residía mas allá de los Alpes.

   Dante Alighieri en su ‘Divina Comedia’ cuya popularidad era ya inmensa en la época, habla del águila como mensajero de Júpiter. El mismo Júpiter, no desdeña  metamorfosearse en águila para raptar al joven Ganimedes. Dicho pasaje recuerda curiosamente el espíritu de las notas de Leonardo y tal vez haya escuchado esa anécdota desde muy joven.

   La historia de Ganimedes es uno de los tantos mitos, que explican la unión del alma y de Dios.

   Desde su más tierna infancia, Leonardo se considera como un ser de excepción: el ave, mensajero de Júpiter, rozando al pequeño niño con su ala, lo había consagrado discípulo de la Sabiduría.

 

Hay otro recuerdo que podemos remontar a la infancia de Leonardo.

Leonardo nos cuenta que un día llega a la boca de una caverna « atraído por su ardiente deseo de conocer la gran complexidad de las extrañas formas que elabora la artificiosa naturaleza». Curvando su espalda en arcoiris y poniendo su mano como visera, se mueve en diversas direcciones, y no puede discernir nada, a causa de la oscuridad. Entonces dos sentimientos se despiertan en él: « miedo y deseo », miedo de lo desconocido y de las tinieblas, deseo de  ver lo que encierran de misterio y extraordinario.

Gracias a sus escritos, los trazos principales del carácter de Leonardo son develados.  Frente a la oscuridad de la caverna, el deseo de saber, de observar, de alcanzar los límites del conocimiento, es más fuerte que el miedo de lo oscuro, de los reptiles, de los obstáculos. Arrastrandose por el suelo humedo, desafiando el peligro, se lanza todo entero a la aventura, confiando en el águila que lo guía y protege porque ese "ese es su destino".

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